Compactación del suelo en almendro: causas, efectos y manejo en plantaciones en seto

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Una calle de una plantación de almendro puede tener buen aspecto y, sin embargo, presentar a cierta profundidad una zona más densa que limite el paso del agua o dificulte el crecimiento de las raíces. La compactación del suelo no siempre se reconoce desde la superficie y, en un cultivo permanente como el almendro, interesa detectarla antes de decidir cualquier actuación.

En almendro en seto hay además una circunstancia que merece atención: la maquinaria entra en la parcela de forma habitual y buena parte de ese tránsito se concentra en las calles. La cuestión no es evitar la mecanización, sino conocer cómo responde el suelo y organizar las operaciones para no deteriorar innecesariamente su estructura.

¿Qué ocurre realmente cuando se compacta un suelo?

El suelo contiene poros de distinto tamaño por los que circulan el agua y el aire. Cuando soporta una carga, sus partículas pueden reorganizarse y quedar más próximas entre sí. Si esa presión es suficiente, disminuye parte del espacio poroso y aumenta la resistencia mecánica del suelo.

La consecuencia dependerá de dónde se produzca esa compactación y de las características del perfil. Una reducción de los poros de mayor tamaño puede dificultar la infiltración y el intercambio gaseoso. Para las raíces supone encontrar una mayor resistencia para avanzar y explorar el suelo.

No todos los terrenos responden igual al paso de una máquina. La textura, la estructura y el contenido de humedad condicionan su comportamiento, al igual que las características de la maquinaria y la frecuencia con la que circula. Por eso, dos parcelas sometidas a un tráfico parecido pueden evolucionar de manera diferente.

La humedad merece especial atención. Un suelo húmedo puede deformarse con mayor facilidad bajo una carga, de modo que el momento elegido para realizar una operación influye en el riesgo de compactación. En la práctica no siempre se puede escoger cuándo entrar, pero sí conviene tenerlo en cuenta cuando existe margen para retrasar una labor.

Qué puede suponer la compactación para el almendro

Cuando una raíz encuentra una zona con elevada resistencia mecánica puede tener dificultades para atravesarla. Esto no significa necesariamente que deje de crecer: puede desviarse, concentrarse en zonas menos resistentes o aprovechar grietas y otros puntos del perfil por los que le resulte más fácil avanzar.

Aquí interesa distinguir entre la presencia de un suelo relativamente denso y una compactación que realmente esté limitando el desarrollo radicular. No es lo mismo encontrar una zona endurecida cerca de la superficie que una capa continua a mayor profundidad, ni tendrá las mismas consecuencias en un suelo que en otro.

Una calicata permite valorar estas diferencias bastante mejor que la observación superficial. Al abrir el perfil podemos comprobar hasta dónde llegan las raíces, cómo están distribuidas y si existe una profundidad a partir de la cual cambian claramente de dirección o disminuye su presencia. También permite observar la estructura, los diferentes horizontes y posibles zonas donde el movimiento del agua pueda estar condicionado.

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Apertura de calicatas durante un proyecto de plantación. Fotografía: Mario González.

Esto cobra especial importancia antes de establecer una plantación. El almendro permanecerá durante años en la misma parcela y una limitación física existente en el perfil puede condicionar posteriormente el volumen de suelo que exploren sus raíces. Preparar el terreno sin conocer qué hay debajo puede llevar a realizar labores innecesarias o, por el contrario, a no actuar sobre una limitación que ya estaba presente.

La compactación también puede aparecer después de plantar

El estado del suelo en el momento de la plantación no es el estado que necesariamente mantendrá durante toda la vida de la plantación. A lo largo de las campañas entran tractores, equipos para tratamientos, maquinaria para el manejo de las calles y equipos de recolección. Algunas zonas soportan esas cargas repetidamente.

Las rodadas indican por dónde se está produciendo el tránsito, pero no permiten saber por sí solas hasta dónde llega su efecto. Una calle puede presentar una huella superficial evidente sin que exista una limitación importante a mayor profundidad, mientras que en otra situación el problema puede encontrarse precisamente por debajo de la zona que observamos.

Si hay sospechas de compactación, además de abrir una calicata se puede recurrir a un penetrómetro, un instrumento que mide la resistencia que ofrece el suelo al introducir una punta cónica, para comparar la resistencia a diferentes profundidades y entre distintos puntos de la parcela. La humedad del suelo debe tenerse en cuenta al interpretar esas mediciones, ya que influye directamente sobre la resistencia a la penetración. Comparar valores tomados en condiciones muy distintas puede llevar a interpretar como compactación lo que, al menos en parte, responde a una diferencia de humedad.

Tampoco conviene utilizar un único valor de resistencia o densidad aparente como límite universal para decidir si un suelo está compactado. La interpretación debe hacerse atendiendo a las características del terreno y a lo que se observa en el perfil.

Compactación del suelo en almendro en seto

En una plantación de almendro en seto, el tránsito de maquinaria forma parte del manejo habitual. La disposición de las líneas de cultivo deja calles definidas por las que se realizan tratamientos, operaciones de mantenimiento y recolección. Con el paso de las campañas, determinadas bandas reciben muchas más pasadas que otras.

Mantener recorridos definidos, cuando la organización de la finca lo permita, evita desplazar continuamente las rodadas y someter una superficie mayor al tráfico. Esto no significa que las zonas utilizadas de manera habitual queden protegidas frente a la compactación; precisamente serán las que acumulen más tránsito. La ventaja es que ese tránsito no se distribuye innecesariamente por toda la calle.

También merece la pena conocer cuántas veces entra realmente la maquinaria durante una campaña. El efecto no depende únicamente del peso de un equipo concreto. La frecuencia de paso, la carga que llega al suelo, las características de los neumáticos, su presión de trabajo y las condiciones de humedad en cada entrada forman parte del mismo problema.

En determinadas operaciones habrá poco margen de maniobra. Durante la recolección, por ejemplo, el momento de entrada está condicionado por el estado del cultivo y la organización de la campaña. En otras labores puede existir más flexibilidad. Si una operación puede esperar y el terreno está excesivamente húmedo, retrasarla puede evitar someter el suelo a una carga en condiciones especialmente desfavorables.

Cómo comprobar si existe un problema de compactación

Las rodadas persistentes pueden justificar una revisión, al igual que determinadas diferencias de infiltración entre zonas de la parcela, pero ninguna de estas señales permite atribuir por sí sola el problema a la compactación. Una acumulación de agua puede estar relacionada con las propiedades del suelo, la pendiente, el riego o las características del perfil, entre otros factores.

Por eso interesa empezar por observar el terreno y no por decidir de antemano la solución. En una calicata pueden compararse zonas sometidas a tráfico frecuente con otras menos transitadas. Además de la dureza aparente del suelo, interesa fijarse en su estructura y, especialmente, en la distribución de las raíces.

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Perfil de suelo con un 70 % de arena. Fotografía: Mario González-Mohíno.

Si las raíces reducen claramente su presencia a partir de una determinada profundidad o modifican su trayectoria al llegar a una zona más densa, hay motivos para estudiar esa parte del perfil con mayor detalle. Las mediciones de resistencia pueden ayudar a completar el diagnóstico, siempre que se realicen en condiciones que permitan compararlas.

La historia de manejo de la parcela también aporta información. Conocer los recorridos habituales, qué maquinaria ha trabajado en la finca y cuándo suele entrar ayuda a interpretar mejor las diferencias que encontremos entre unas zonas y otras.

Subsolar no debería ser la primera respuesta

Detectar una posible compactación no implica que haya que realizar automáticamente una labor profunda. Antes conviene localizar la zona afectada y determinar aproximadamente a qué profundidad se encuentra. Si la limitación está localizada, trabajar bastante por debajo de ella no tiene por qué aportar una mejora adicional.

En una plantación ya establecida hay que añadir la presencia del sistema radicular. Una intervención mecánica debe valorar qué raíces puede afectar y si el beneficio esperado justifica esa alteración. La decisión, por tanto, cambia bastante entre una preparación previa a la plantación y una actuación realizada cuando los árboles ya llevan años desarrollándose.

También conviene revisar qué ha originado la compactación. Una labor puede romper temporalmente una zona densa, pero si posteriormente se mantiene el mismo patrón de tráfico y se vuelve a circular en condiciones desfavorables, el problema puede reproducirse. Corregir la capa sin modificar la causa que la genera deja incompleto el manejo.

Manejar el tránsito para reducir el riesgo de compactación

En almendro en seto no es realista plantear una parcela sin tráfico de maquinaria. Sí es posible revisar cómo se produce ese tráfico y evitar parte de la presión innecesaria sobre el terreno.

Antes de plantar, conocer el perfil ayuda a decidir si la preparación del suelo necesita alguna actuación específica. Después, cuando la plantación ya está establecida, interesa mantener recorridos coherentes, reducir las pasadas que no sean necesarias y valorar el estado de humedad antes de entrar cuando la operación pueda aplazarse.

Las características de la maquinaria deben considerarse dentro de ese manejo, pero sin simplificar el problema a una cuestión de peso. La forma en que la carga se transmite al terreno, los neumáticos, la presión de trabajo y la repetición de las pasadas modifican la interacción entre la máquina y el suelo.

Las cubiertas vegetales y el manejo de la materia orgánica pueden formar parte de una estrategia más amplia de conservación de la estructura del suelo, aunque no deben entenderse como una corrección automática de una capa compactada. Su efecto dependerá del tipo de suelo, las condiciones climáticas, las especies presentes y el manejo realizado en cada parcela.

En una plantación mecanizada merece la pena comprobar periódicamente qué está ocurriendo bajo las calles que reciben más tráfico. No porque toda rodada implique un problema, sino porque la superficie ofrece una información limitada. Si existen dudas, observar el perfil y las raíces permite decidir con bastante más criterio si estamos ante una compactación que requiere actuar o simplemente ante el efecto superficial normal del tránsito.

Si quieres seguir profundizando en el manejo del suelo en almendro en seto, puedes consultar los artículos y recursos técnicos de Synergynuts.

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