Recuperación del almendro postcosecha: claves para preparar la próxima campaña

Recolección mecanizada en almendro en seto durante la postcosecha
La recolección mecanizada marca el inicio de una fase clave para la recuperación del almendro y la preparación del siguiente ciclo. – Fuente New Holland

La recuperación del almendro postcosecha es una fase decisiva dentro del ciclo del cultivo. La recolección ha terminado, pero el almendro sigue activo. Durante las semanas siguientes todavía tiene que recuperar su estado hídrico y nutricional, mantener las hojas funcionales y acumular reservas para afrontar el siguiente ciclo.

En otras palabras, recoger la almendra no significa que haya terminado el manejo de la campaña. Parte de la preparación de la próxima empieza precisamente ahora.

¿Por qué es tan importante la recuperación del almendro postcosecha?

Después de la recolección, y mientras las condiciones ambientales acompañen, el almendro mantiene su actividad fisiológica.

Es un periodo en el que continúan procesos relacionados con la evolución y diferenciación de las yemas, la actividad radicular, la redistribución de nutrientes y la acumulación de reservas en los órganos perennes.

Y esas reservas van a ser necesarias relativamente pronto. El almendro florece antes de haber desarrollado plenamente su nueva superficie foliar, por lo que en ese momento todavía no dispone de una capacidad fotosintética suficiente para cubrir todas sus necesidades.

El almendro tiene que recurrir entonces a parte de la energía y los nutrientes almacenados previamente en la madera y las raíces.

“La postcosecha no es simplemente el final de una campaña: también forma parte de la preparación fisiológica de la siguiente.”

Aquí hay una cuestión importante. Recuperar el almendro no significa mantenerlo creciendo a toda costa. Nos interesa que siga activo mientras las condiciones sean favorables, que acumule reservas y que, posteriormente, avance de forma adecuada hacia el reposo invernal.

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Recuperar el estado hídrico después de la cosecha

El riego es uno de los primeros aspectos que deberíamos revisar una vez terminada la recolección.

En determinadas condiciones y estrategias de manejo puede reducirse el aporte de agua antes de la cosecha. El problema aparece si ese déficit se prolonga cuando ya no responde a un objetivo agronómico. Un estrés hídrico excesivo después de recolectar puede limitar la fotosíntesis y acelerar la senescencia de las hojas.

En campo nos interesa recuperar progresivamente un estado hídrico adecuado para que el almendro pueda continuar funcionando ¿Hay que aplicar una determinada cantidad de agua después de cosechar? No. No existe una cifra válida para todas las plantaciones.

La evapotranspiración, el contenido de agua en el suelo, su capacidad de retención, el sistema radicular, la calidad y disponibilidad del agua y el estado de la propia plantación determinarán cómo debemos manejar el riego.

Una correcta programación del riego y la nutrición en almendro en seto permite ajustar estas decisiones a las necesidades reales de la plantación.

Lo que sí está claro es el objetivo: evitar que la falta de agua limite antes de tiempo la actividad del árbol y su capacidad para acumular reservas.

Almendro después de la recolección mecanizada
Tras la recolección, el manejo debe orientarse a favorecer la recuperación del árbol y mantener su actividad fisiológica mientras las condiciones sean favorables. – Fuente Synergynuts

Las hojas todavía tienen trabajo que hacer

Después de la cosecha es fácil centrar la atención en el fruto que ya hemos recogido y olvidarnos de las hojas que permanecen en el almendro.

Sin embargo, mientras estén verdes y funcionales continúan realizando fotosíntesis y generando fotoasimilados. Parte de ellos podrán utilizarse y almacenarse como reservas.

Por eso interesa conservar una superficie foliar sana hasta que el almendro avance de forma natural hacia la senescencia. Una caída anticipada de las hojas acorta ese periodo de actividad.

Y no todo depende del agua. El estado sanitario del follaje, la salinidad o determinados desequilibrios nutricionales también pueden acelerar su deterioro.

No buscamos prolongar artificialmente el ciclo del almendro. Lo que queremos evitar es que un estrés que podríamos haber manejado haga que las hojas dejen de trabajar antes de tiempo.

Nutrición postcosecha: mejor analizar que trabajar con recetas

Después de una campaña productiva puede ser necesario reponer determinados nutrientes. Hasta ahí, parece sencillo. La dificultad está en decidir cuáles y en qué cantidad.

No todas las plantaciones llegan a la cosecha en las mismas condiciones. Hay que valorar la carga productiva que han soportado, los aportes realizados durante el ciclo, el vigor, las características del suelo y del agua y las condiciones de la campaña.

Siempre que sea posible, las analíticas y el historial de la parcela deberían ser la base para tomar estas decisiones.

Por eso, la fertilización del almendro debe plantearse en función del estado del cultivo y no a partir de una receta general.

Nitrógeno, potasio, fósforo, boro o zinc pueden tener interés durante esta fase, pero eso no significa que debamos aportarlos de forma sistemática. Primero hay que saber qué necesita realmente la plantación.

Nitrógeno: recuperar reservas sin disparar el vigor

Es un elemento que interviene en numerosos procesos metabólicos y puede contribuir a recuperar las reservas nitrogenadas del árbol. Pero una aportación excesiva, especialmente si se realiza tarde o tenemos una plantación con mucho vigor, puede estimular un crecimiento vegetativo que no nos interesa.

Esto cobra especial importancia en el almendro en seto. En este sistema productivo no buscamos crecimiento vegetativo sin límite. Necesitamos mantener una estructura equilibrada, con un vigor compatible con la entrada de luz, la poda y las diferentes operaciones mecanizadas.

Así que, después de cosechar, la pregunta no debería ser simplemente cuánto nitrógeno vamos a aplicar. Primero deberíamos preguntarnos si hace falta. Y, si la respuesta es sí, ajustar la aportación al estado nutricional y vegetativo de la plantación.

Potasio después de una campaña productiva

El potasio participa en distintos procesos fisiológicos del almendro, entre ellos la regulación hídrica y estomática.

Además, cuando retiramos una cosecha estamos sacando nutrientes de la parcela. Esa extracción debe formar parte del balance anual de fertilización. ¿Significa esto que después de una cosecha elevada hay que aportar potasio necesariamente? Tampoco.

Puede existir una mayor necesidad de reposición, pero habrá que comprobar el estado nutricional de la plantación. La analítica, junto con el historial de fertilización y producción, permite tomar una decisión mucho más ajustada que aplicar potasio únicamente porque haya terminado la cosecha.

Fósforo y actividad radicular

Hay otra parte del árbol que no vemos cuando recorremos la parcela: las raíces. A finales del verano y durante el otoño pueden darse periodos de actividad y crecimiento radicular cuando las condiciones de temperatura y humedad del suelo son favorables.

El fósforo interviene en procesos energéticos y de crecimiento de la planta, por lo que su disponibilidad puede ser relevante durante estos periodos.

Ahora bien, aquí también hay que evitar automatismos. Antes de aportar fósforo interesa conocer los niveles existentes en el suelo y las condiciones que afectan a su disponibilidad. No todo el fósforo presente está necesariamente disponible para las raíces, y su comportamiento está muy condicionado por las características del suelo.

El sistema radicular también forma parte de la recuperación

Cuando hablamos de recuperación postcosecha solemos pensar en lo que vemos: hojas, ramas, vigor o estado general del seto. Pero una parte importante de lo que ocurre en esta fase está bajo tierra.

Las raíces finas y los pelos absorbentes son fundamentales para captar agua y nutrientes. Si queremos que el almendro aproveche los recursos disponibles después de la cosecha, necesitamos también un sistema radicular funcional y un suelo que permita que esas raíces trabajen.

Esto implica cuidar las condiciones de humedad, aireación y disponibilidad de nutrientes en la zona explorada por las raíces.

Es en este contexto donde pueden encajar determinadas estrategias de bioestimulación radicular, siempre entendidas como una herramienta complementaria.

Un bioestimulante no sustituye un riego mal planteado, una nutrición deficiente o unas condiciones inadecuadas del suelo.

¿Qué papel pueden tener las sustancias húmicas?

Dentro de estas estrategias encontramos las sustancias húmicas, utilizadas en agricultura por sus posibles efectos sobre el suelo, la disponibilidad de determinados nutrientes y el desarrollo radicular.

Uno de los aspectos de interés es su relación con el desarrollo de raíces secundarias y raíces finas, precisamente las que tienen una participación importante en la absorción de agua y nutrientes.

También pueden influir sobre la agregación y determinadas propiedades físicas del suelo y contribuir a mejorar las condiciones de retención de agua y nutrientes en la zona radicular.

Pero aquí conviene ser prudentes. Su respuesta no será la misma en todas las parcelas. Dependerá del tipo de suelo, de las características de la sustancia utilizada, la dosis, el sistema de aplicación, las condiciones ambientales y, por supuesto, de cómo estemos manejando el riego y la fertilización.

Por eso pueden integrarse dentro de una estrategia de recuperación postcosecha, pero no tiene sentido atribuirles por sí solas incrementos concretos de producción si no disponemos de ensayos realizados en condiciones comparables que lo demuestren.

Recuperación postcosecha y vecería: ¿qué relación existe?

La vecería o alternancia de cosechas es bastante más compleja que aplicar o dejar de aplicar un determinado nutriente después de recolectar.

En ella intervienen la carga de cosecha, el crecimiento vegetativo, la formación de yemas, el estado hídrico y nutricional del árbol, las condiciones ambientales y el manejo realizado a lo largo de toda la campaña.

Eso no quiere decir que la postcosecha no tenga importancia. Después de un año con una carga elevada, conseguir que el árbol mantenga su actividad durante el tiempo adecuado y recupere reservas puede ayudar a que llegue al siguiente ciclo en mejores condiciones fisiológicas.

Lo que no podemos hacer es trasladar esa relación a una receta del tipo “aplicamos esto y eliminamos la vecería”. Su manejo exige una visión más amplia: equilibrar carga y vigor, evitar situaciones de estrés hídrico excesivo, mantener un estado nutricional adecuado, conservar una superficie foliar funcional y gestionar correctamente la estructura productiva del seto.

Después de cosechar, toca recorrer la parcela

Una vez terminada la recolección merece la pena volver a mirar la plantación, esta vez pensando ya en lo que necesita el árbol.

¿Cómo está de agua? Si hemos trabajado con déficit antes de la cosecha, habrá que comprobar si sigue teniendo sentido mantenerlo o si debemos recuperar progresivamente el estado hídrico.

Después están las hojas. Hay que observar cuánto follaje conserva el árbol, su estado y si aparecen síntomas sanitarios, nutricionales o relacionados con salinidad que puedan provocar una pérdida anticipada.

También es momento de revisar la nutrición. Antes de decidir aportaciones, el historial de la parcela y las analíticas disponibles deberían decirnos mucho más que cualquier programa estándar de fertilización.

Y, aunque no podamos observarlas con la misma facilidad, están las raíces. Humedad, aireación y disponibilidad de nutrientes en el suelo condicionarán su actividad.

Almendro en reposo tras el periodo de recuperación postcosecha
El manejo postcosecha debe favorecer la recuperación y acumulación de reservas antes de que el almendro avance hacia el reposo invernal. – Fuente Synergynuts

En almendro en seto añadiríamos una última pregunta: ¿cómo está el vigor de la plantación?

Porque recuperar el árbol no significa estimularlo indefinidamente. Queremos que reponga reservas y mantenga su actividad mientras sea útil, pero también que llegue correctamente al reposo invernal.

La próxima campaña empieza después de la cosecha

La recuperación del almendro postcosecha no debería abordarse como un tratamiento concreto ni como una operación aislada dentro del calendario.

Es una fase del cultivo en la que riego, nutrición, estado de las hojas, actividad radicular y vigor están relacionados. Y las decisiones deberían tomarse observando la situación real de cada plantación, no siguiendo una receta general.

En almendro en seto hay además un equilibrio que debemos conservar: necesitamos que el árbol se recupere y acumule reservas, pero sin perder el control vegetativo y la estructura que requiere un sistema pensado para la mecanización.

La almendra ya está recogida. El trabajo del árbol, sin embargo, todavía no ha terminado. Lo que hagamos durante estas semanas forma parte del manejo con el que llegaremos a la próxima campaña.

Si quieres seguir profundizando en el manejo técnico del almendro en seto, en Synergynuts encontrarás más artículos, webinars y contenidos técnicos sobre las distintas fases del cultivo.

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